Referencias del libro: “Escultura Chilena Contemporánea: 1850-2004”
Capítulo: 1950 – 1985
“Algunos aspectos históricos y críticos de la escultura chilena”
Gaspar Galaz. Profesor de Historia del Arte y Escultor, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Página 93.
El escultor José Balcells (1947) está ubicado a continuación de Claudio Girola, no solamente por compartir un espacio académico, cual es, por un lado, la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, sino también ese hermoso espacio que es Ritoque, o la Ciudad Abierta, pero también llamada Ciudad Libre o Amereida, que él ayudó a fundar. Este artista, que ya desde un comienzo calificó de multifacético, no solamente por sus propuestas desde distintos significantes, desde los más diversos sistemas de producción, sino, además, por una amplia y extensa capacidad creativa.
Sus nexos, en sus comienzos con Claudio Girola, son elocuentes, como la escultura realizada en barras de bronce de diferente diámetro que organiza un sistemático y amplio movimiento “lineal”, una suerte de post-constructivismo, donde la gráfica espacial es un principio básico que se juega en esa obra del año 1976. Pero hay otra obra, “Heraldo”, en su segunda versión del año 1982, en madera y acero, que es una pequeña base de madera con un pie recortado irregularmente y, a partir de él, nace una pieza de acero, doblada y trabajada al torno en su desgaste, produciendo, en esa barra, breves “acinturamientos”, desde los cuales parten en su parte superior, como si fuesen llevadas por el viento, cinco pequeñas barras de acero, dobladas como si fueran la cabellera de un personaje. Obra simple, precisa, que se caracteriza por no tener consistencia volumétrica; más bien, una vez más, Balcells nos lleva a una gráfica mínima en el espacio.
A Balcells, las planchas de aluminio, de bronce o de fierro le resultan absolutamente familiares. Pero también las barras de bronce que atraviesan piedras calizas o trozos recortados de troncos, van armando un proceso escultórico extenso y complejo por la soltura que nos muestra el artista al moverse de un sistema de producción a otro, como si quisiera borrar de una plumada las huellas de las obras anteriores que pudiesen quedar en una nueva escultura.
Tendría que decir que José Balcells es un escultor de la modernidad, por esa obsesión de hacer de sus esculturas, propuestas siempre distintas y, a veces, completamente desconectadas entre sí. La innovación, el cambio, los procesos de síntesis están presentes como base ideológica en el quehacer de este artista.
Por ejemplo, la obra “Cincuenta y cuatro litros”, en plancha de aluminio, del año 1992, organiza una compleja estructura de planchas recortadas y dobladas de diferentes formas, unidas entre sí, mediante barras de bronce y tornillos que fijan las planchas a la barra. Pero hay una obra anterior, del año 1987, construcción ingrávida de alerce y bronce, que marca de manera importante la estética del escultor.
Trozos de alerce de distintos grosores, de distintos largos, de formas contrapuestas, que parecen provenir de desechos de carpintería, pero a su vez muy pulidos, van uniéndose entre sí mediante las barras de bronce y los tornillos de amarre, para elaborar una escultura muy compleja; porque es una obrasen cuerpo, porque las piezas de alerce que podrían haber formado el cuerpo, están separadas unas de otras en una suerte de desorden rigurosamente compuesto, que insiste en los “espacios interiores”. Como el propio artista señala: “todavía hoy, cuando tomo unos cuartones de alerce, unas barras de hierro o bronce, unos tubos de aluminio, los corto o doblo, atornillo o sueldo, o ensamblo pulo o limo, la aparición de un vacío entre mis manos llenas me sorprende”.
La escultura en madera de este artista se destaca por el uso equilibrado entre los volúmenes llenos y vacíos. El “vacío”, Balcells lo logra interviniendo tablas que va uniendo entre sí mediante tallados curvos justo en el remate de la tabla o de la pieza de madera, punto en el cual la une con la otra, formando un entramado donde efectivamente se constituye “lo vacío”. A su vez, esta trama la une con cuatro barras de acero, a una suerte de conjunción de tablas pegadas unas con otras y recortadas en su borde, produciendo ondulaciones en ascenso. Lleno y vacío arman la escultura “El aire donado”, de alerce y coigüe del año 2000.
Capítulo: Espacio Público
“El paisaje como soporte”
Licenciada en Estética de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Páginas 252-253
José Balcells (n. 1947) es un escultor que ha experimentado ampliamente en el campo del arte público. A través de su proyecto “Travesías”, junto a los alumnos de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, ha recorrido desde el año 1984 distintos territorios tanto nacionales como internacionales dejando su huella materializada en esculturas monumentales.
Construidas con la ayuda de los alumnos, sus obras han sido emplazadas preferentemente en lugares remotos, como Isla de Pascua, el Morro de Copiapó en Caldera, la Isla Currecue en el Archipiélago Chonos, la Bahía Errázuriz en Mejillones, Piragua, y al sur y al norte de Argentina. Sin embargo, como estas piezas no quedan al resguardo de ninguna institución, suelen desaparecer con el tiempo.
La costa de Chile tiene dos obras importantes de su autoría emplazadas en espacios públicos, en las que se puede apreciar la problemática que desde siempre ha adoptado el artista y que tiene que ver con el juego de llenos y vacíos, con la desmaterialización del espacio. La primera fue el resultado de un concurso abierto para erigir un “Monumento al Cabo de Hornos” en memoria a los hombres de mar que murieron luchando contra las inclemencias de la naturaleza en los mares australes. La obra, compuesta por diez placas de acero de 6 mm. de espesor cada una y 8 m. de altura, representa la figura de un albatros que recortado sobre las planchas metálicas, toma el color del paisaje que aparece de fondo.
La segunda correspondió a un encargo de la Gobernación del Puerto Valparaíso y fue colocada el año 1997 en el llamado Nudo Barón o intersección de las avenidas Argentina y Brasil en Valparaíso. La pieza, que mide 7 m. de altura y fue realizadacon planchas de acero, se yergue como un homenaje a la unión que hermana el puerto de Valparaíso con el de Osaka, en Japón. Es una obra abstracta que irradia una estética japonesa, donde sus múltiples secciones modulares forman una figura geométrica. En Osaka, se encentra emplazada una réplica de esta misma obra.
